Me importa un quinoto
- Jerga rioplatense
Volví de mi negocio y me di con la grata sorpresa de que mi viejo compró el equivalente en proporciones a un perro mediano de quinotos. Señal inequívoca del comienzo de la temporada de quinotos.
El título de la entrada hace alusión a un conflicto degustativo de grandes proporciones que acontecen en esta eṕoca del año, la época anterior a mi podredumbre total de este fruto adictivo. El conflicto en sí ocurre en el contraste de placer inmediato al morder el quinoto y toda la experiencia posterior ¿Viste que al principio el quinoto es rico? Es como una mezcla del dulce de la naranja con el ácido de un limón, pero es un engaño pasajero. Al instante inmediato, viene esa cachetada de travesti sublingual que te deja como viejo sin dientes hasta que se pasa a la siguiente etapa del tormento.

La siguiente etapa del tormento consiste en un amargor que te pide a gritos que te metas otro quinoto en la boca (sonó mal) para calmar esa sensación desagradable.
Y es así como funciona esta función recursiva quinotera.
Aguanten los quinotos